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Vinos dulces

Vinos para disfrutar con calma, en ocasiones especiales

Los vinos dulces son aquéllos que contienen al menos 50 gramos por litro de azúcar residual,  presentando intensidades muy distintas de dulce. Pero a pesar de lo que cabría esperar, este característico dulzor, suele aparecer en combinación con otros matices de sabor que pueden ser más amargos, ácidos o secos, que aportan una estructura aromática muy compleja.

Tenemos así vinos naturalmente dulces, en los que las propias levaduras mueren por la graduación de alcohol antes de consumir todo el azúcar natural de la uva. Esto ocurre, por ejemplo, en el caso de los vinos húngaros de Tokay, o Sauternes franceses, los vinos de Alsacia, los alemanes Beerenauslesse, o los vinos de hielo (ice wine) canadienses.

Por otro lado, encontramos dulces encabezados, en los que la fermentación no llega a detenerse de forma natural, sino que se interrumpe al añadir alcohol vínico al mosto durante la fermentación. Dentro de esta categoría se sitúan los Oportos y los vinos de Madeira, y dentro de España, tenemos también nuestros famosos Moscatel, Mistelas, o Pedro Ximénez.

Todos estos vinos son ideales tanto de aperitivo como de postre, para encabezar o finalizar nuestras comidas. Sin embargo, el vino dulce no debe acompañar necesariamente un plato, sino que puede disfrutarse solo. Una sola copa puede funcionar en sí misma como un postre, y es que estamos hablando de vinos para disfrutar con calma, en ocasiones especiales.